Literatura

Escarlata, 2.

¡Hola! Aquí les dejo otra parte de “Escarlata”, espero que la disfruten (:


Una mirada y todo esta oscuro, espero a que mis ojos se acostumbren a la falta de luz y mientras lo hago escucho el agua chocando contra el suelo, el aire aquí se siente húmedo pero no puedo pensar demasiado en dónde estoy porque todo a mi alrededor da vueltas, no tengo idea de dónde se encuentra el piso, todo sigue siendo confuso.

Mi cabeza parece que estuviera a punto de estallar, sin embargo no me doy cuenta hasta que me hago un ovillo en donde quiera que este tirada que todos los miembros de mi cuerpo están adoloridos y hasta torpes, siento como mi corazón corre más rápido, al igual que el aceleramiento de mi respiración, jadeo, por el dolor y por el miedo.

-Está despertando.

La voz que escucho parece lejana y de alguna forma sé que se encuentra cerca.

Unas luces fluorescentes son encendidas y al instante soy cegada por ellas, no puedo evitar cerrar los ojos y dejar de respirar, esperando que no puedan oír el sonido de mi corazón y los alerte de que estoy peor que asustada, guardo silencio rogando para que esto sea sólo un mal sueño, rezo en mi mente para que despierte.

Para mi desdicha oigo como un par de pasos están aproximándose, me concentro en escuchar el latido desenfrenado de mi corazón, tengo miedo de desmallarme, respiro entrecortadamente por la boca ya que el aire que entra por mi nariz no es suficiente.

-No te le acerques tanto –dice otra voz, pero está suena mucho más cerca de lo que estaba la otra, así que asumo que le pertenece al que estaba caminando hacia mí.

-¿Qué estás haciendo? –repite la voz más lejana.

Llevo mis manos y mis pies hasta mi pecho, estoy aterrada.

El sollozo que se escapa de mis labios rompe el silencio y luego de nuevo se escucha como otra gota cae al suelo, parece que resuena dentro de este lugar.

-Shh, tranquila –dice la segunda voz, esta vez está muy cerca de mí, siento su cercanía como si estuviera lleno de energía.

Otro sollozo.

-Sólo dolerá un poco –susurra –shh –repite una y otra vez como si estuviera tratando de calmar a un animal salvaje.

Lo cual en estos momentos tal vez soy, sólo que estoy adolorida y no tengo fuerzas para gritar o correr, lo único que puedo hacer sin esfuerzo es llorar en silencio y ni siquiera eso, me duele el estómago.

Una aguja perfora mi piel y vuelvo a sollozar.

-Shh, tranquila –dice él –sólo durará unas horas.

No pasa mucho tiempo cuando siento el cansancio reclamando por mí, mis piernas y brazos dejan de responder y poco a poco suelto el agarre que tengo contra ellos, los músculos alrededor de mis ojos se relajan  y lo último que escucho es el palpitar de mi corazón regresando a su latido normal.

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Misterio, Relato

Escarlata

Hola lectores, ¿cómo están? Bueno hoy les traigo esta nueva propuesta “Escarlata”, me gustaría saber sus opiniones, prometo leer todas ellas.


Me pierdo en los libros pensando que es ahí donde me encontraré.

Los días lluviosos regularmente hacen que me pregunte qué es lo que hago aquí, las personas que van con un libro en mano a una cafetería y se quedan mirando las calles sin siquiera leer una sola línea, es lo que me hace preguntar, qué rayos es lo que está pasando con la inteligencia.

La lluvia cae en el pavimento, haciendo el sonido mucho más fuerte, sólo va en crescendo.

-Disculpe, puede rellenar mi taza.

Él viene cada jueves y siempre lleva un libro, ni siquiera lo abre, sólo lo hacía cuando una mujer entraba.

-Enseguida señor –sonrío, es a lo que me dedico, sonreír mientras sirvo café y  cualquier cosa que se venda aquí.

-Está lloviendo a cantaros –dice el señor a quien acabo de rellenar su taza.

-Sí –suspiro teatralmente –parece que durará un poco más.

Sin esperar su respuesta me doy la vuelta y limpio la barra, aunque el lugar este medio vacío y las mesas y todo alrededor este limpio paso el trapo, esperando no encontrarme con conversaciones forzadas para mí.

-Deja de limpiar eso Eco, ya está más que reluciente esa barra de granito.

-Eso es lo que tú crees, siempre habrá un germen por ahí.

Mi compañera niega y veo como una leve sonrisa aparece en sus labios, Clara sabe que el germen al que me refiero es a ese señor treintañero, la sonrisa se convierte en un gesto en cadena ya que yo también la imito y por consiguiente el señor a quien me refería lo hace también.

 La puerta de entrada es abierta, trayendo consigo una leve ráfaga de aire fresco debido a la lluvia, un chico con el cabello mojado y la ropa húmeda entra en el lugar, dejando un rastro de agua con cada paso que da.

Sólo espera a que se siente Eco, no hagas de esto un drama.

Él se sienta en la barra, en el lado opuesto en el que está el señor. Busco con la mirada a Clara, quien ha desaparecido.

Regreso la vista a donde se encuentra, no sin antes darle un último vistazo al pequeño camino que ha dejado.

-Entonces ¿qué te sirvo? –digo con la sonrisa más sincera que puedo ofrecer aunque ahora mismo parezca una mueca psicópata.

Él sacude su cabeza dejando gotas en la barra.

Mi mano está a punto de tomar el trapo que está a mi espalda.

No lo hagas.

-¿Un café? –su cabeza se encuentra levemente agachada.

Soplo aire a mi cara.

Por Dios, que genio.

-Sí –mi sonrisa se ha hecho más forzada –pero, tenemos muchos tipos de café. ¿Alguno en especial que te gustaría tomar?

-No. El típico está bien. –Levanta el rostro, su cara tiene un gesto de incomodidad. Yo sigo esperando por más, segura de que se arrepentirá y dejará el lugar. –Negro, sin azúcar, ni nada.

Tomo nota en mi mente y preparo el café, estoy teniendo serios problemas preparándolo, mi cerebro sólo piensa en el camino de agua.

-Gracias –dice, después de dejar el café frente a él.

Hago un movimiento de cabeza y me dirijo a limpiar el desastre. Mis hombros se relajan en el momento en que empiezo a trapear el piso.

-Lo siento por eso.

-No, no hay problema, es mi trabajo después de todo.

-Es inevitable no mojarse si se está ahí afuera –dice el señor al otro extremo.

Sonrío a ambos y me voy de ahí, necesito ahora mismo un descanso, no puedo lidiar con la idiotez humana de hoy, por más leve que sean sus comentarios los encuentro sin sentido.

 ***

-No llegare ni a la esquina.

-Espérame y te acompaño. ¿Puedes detener el paraguas?

Sus brazos aun están cruzados sobre su pecho en un intento por mantener el calor, Clara toma con ambos puños el mango del paraguas mientras cierro la puerta delantera de la cafetería.

-Apúrate Eco, las calles están solas.

-No presiones –mantengo los dientes apretados en un intento de que dejen de temblar.

-¿Por qué debemos vivir en diferentes lados? –Susurra – ¿Quieres venir a mi casa? O tal vez yo pueda ir a la tuya.

Río por lo bajo, pero suena más como un chillido que una risa.

-¿A caso tienes miedo Clara?

-No sé, siento esa cosa en el pecho, pero tampoco sé si es el frío –sus dientes están castañeando.

-Listo. Vámonos, te acompaño hasta que subas a tu camión.

Clara no era miedosa, mucho menos nerviosa, seguro había visto una de esas películas de suspenso o terror y una escena de esas era muy parecida a donde estábamos, siempre eso la ponía un poco rara.

-¿Por fa?

Tome su brazo, entrelazándolo con el mío, yo era más alta que ella así que Clara tenía que dar los pasos un poco más largos de lo normal.

-Creo que correré de aquí a allá.

-¿Eh? –fue lo único que pude decir.

-Las luces, son probablemente del camión.

Las calles estaban casi vacías, sólo un par de personas pasaban por ahí, lo cual era raro ya que era una de las calles principales.

-Está bien –dije, ella se despidió de mí con una palmada en mi brazo derecho y salió corriendo, tapándose la cabeza con su pequeño bolso.

Tape mi boca cuando Clara casi se caía, mis dientes también castañeaban, entonces volví a cubrirla esperando que la risa y el castañeo se fueran, mientras la veía correr intentando llegar a la esquina de la calle.

Pero no pude ahogar el grito ahogado que salió de mi garganta.

No eran las luces del camión, eran las luces de una camioneta demasiado grande, una persona con un impermeable salió de ahí, no le dio oportunidad ni de gritar cuando la jalo hacia atrás, Clara cayó al suelo, ni siquiera pataleo, él sólo la arrastro y la llevo dentro con él.

No me di cuenta que mi mano había abandonado mi boca, estaba gritando.

Clara, me pareció escuchar, Ayuda, debí gritar.

¿Qué les pareció? Agradecería sus comentarios muchísimo y estén pendientes de la historia que apenas es el comienzo, nos vemos.

Contemporáneo, Ficción, Misterio

Efímero

Hola, ¿cómo se encuentran lectores? Aquí les dejamos nuestra primera entrada, la primera dosis, esperamos por sus criticas o comentarios, recuerden que somos novatos en la escritura y cualquier aportación nos ayudaría muchísimo.

Esperamos que lo disfruten… 

Todo aquí es obscuro, hay un destello de luz muy débil que sólo ilumina la parte trasera de alguien  que va adelante de mí, los  pasillos son largos y angostos, lo único que escucho son las respiraciones de más personas detrás de mí, incluso puedo sentir una respiración en mi cuello, está cerca.

     –No se separen, su mirada al frente y sin hablar, recuerden que los estamos vigilando –dice una voz, no sé de donde viene pero es como si hablaran dentro de mi cabeza.

Confundiéndome.

Tal vez ahora si estoy loca de verdad. Pero a pesar de que no sé de donde viene o si en realidad está dentro de mí, su voz revela demasiado, su tono esconde algo… algo frío y controlado, pero al mismo tiempo suena relajado.

Caminamos en línea recta, ninguna de las personas que va adelante de mi voltea, sus respiraciones incluso suenan  iguales, es como si inhalaran y exhalaran al mismo tiempo, los mismos movimientos al caminar.  Mientras yo estoy respirando entrecortada y rápidamente, el aire aquí no es suficiente para mi, estoy encerrada y no hay una salida, el sudor recorre mi espalda a pesar del frío que hace  y mis pasos no pueden igualar el de las otras dos personas que van adelante, supongo que somos los primeros, aun no he visto algún pasillo para poder escapar, todos aquí parecen robots, hacen exactamente lo que la voz dijo.

Por la esquina de mis ojos observo lo que tengo alrededor, puedo sentir mi miedo, incluso es como si pudiera tocarlo, no sé qué es lo que estoy haciendo, no sé cómo es que llegue aquí, no sé cómo salir,  ni siquiera puedo distinguir el color de las paredes.

No hay ventanas.

No hay puertas.

Sólo espejos.

Que regresan mi mirada perdida a cualquiera que vea.

Alguien me empuja hacia un lado, trago el grito que casi sale de mi boca, y con el también el miedo de ser descubierta, mi respiración es aun más agitada, pongo mis dos manos en mis rodillas intentando tomar todo el aire que puedo, estoy asfixiándome, a lo mejor han pasado más de diez minutos, o quizás lleve una vida aquí, cuando por fin me estoy recuperando  giro la cabeza, pero ya no hay nadie a mi alrededor.

Ellos han desaparecido, me doy cuenta de que me encuentro dentro del marco de un espejo. Estoy dentro de un espejo.  No hay nadie ahí afuera que pueda ayudarme a salir.

Golpeo con toda la fuerza que me queda el vidrio, pero este es inquebrantable, ni siquiera logro hacerle una fisura,  mi respiración es cada vez más pesada. Tal vez por el miedo de quedarme atrapada, quizás porque no parece que haya suficiente aire, o tal vez por ambas.

El tiempo parece detenerse mientras observo mi alrededor, todo sucede como en cámara lenta, mis ojos están buscando  cualquier cosa, cualquier agujero, aire, o una puerta, lo que sea, entonces es donde lo veo, un agujero redondo en lo alto de la pared, es ahí donde veo un rayo de luz, no es la luz del sol, es un rayo de luz de luna, aun todo está obscuro, pero ese rayo está ahí como si esperara a que fuera directo a él, dándome un respiro, el aire que necesito dentro de mis pulmones, sin embargo hay algo que llama mi atención desde mi vista periférica, ahí hay otro espejo, este es más pequeño que los otros que he visto aquí antes, a diferencia de los otros este es ovalado y tiene un marco antiguo pero aun así hermoso, no sé porque me recuerda al espejo de la bruja de Blancanieves , tampoco sé porque me estoy acercando, es como si mis pies tuvieran mente propia y me doy cuenta de que no estoy pensando en nada, no hay nada dentro de mi cabeza que no sea caminar directo al espejo. Mi respiración se ha estabilizado.

Antes de ver mi reflejo lo primero que veo es obscuridad. Lo segundo… es a otra persona atrapada ahí, sus ojos devuelven mi mirada asustada, su cara es diferente a la mía, pero refleja lo mismo que yo.

Miedo.

No estoy pensando cuando veo que su mano está tocando el espejo y me veo haciendo lo mismo, espero ver que el cristal del espejo tiemble, que se mueva como un charco de agua al que acaban de interrumpir su calma, sin embargo no pasa nada.

Sólo siento el leve cosquilleo del calor humano que sientes cuando tocas a otra persona,  no es la superficie helada que esperaba encontrar. Mis ojos vuelven directo a los suyos, es como si todos los movimientos que ella hace los hiciera yo y viceversa.

Veo el piso, dentro de su espejo, es una realidad alternativa, todo dentro de él es luz, mientras que de mi lado todo es obscuridad, esta vez ella pone su mano derecha en el espejo y hago lo mismo, y luego todo lo que sé es que la obscuridad se ha ido, ella se la ha llevado, como si pudiera leer mis pensamientos sabiendo que tenía miedo de estar en ella.

Esta vez quiero decir algo, pero tengo miedo, de que de nuevo sea consumida por las sombras, si nos están vigilando pronto se darán cuenta de que no estoy con los demás, aunque también siento miedo de quedarme atrapada aquí, vuelvo a girar la cabeza y por primera vez una idea cruza mi mente, tal vez ahora estoy atrapada como lo está ella para siempre. Sin una oportunidad de salir de aquí.

Busco frenéticamente la luz del rayo de la luna, sigue ahí. No ha cambiado nada, aparte del hecho de que se han encendido las luces,  respiro aliviada porque por alguna razón llegue a pensar que algo cambiaría.

Mi cerebro busca alguna idea para poder sacar a la chica que está atrapada ahí, tal vez romper el espejo pero ¿y si ella se quebrara al mismo tiempo que él? Tal vez si escapo con el espejo pudiera encontrar una forma de sacarla de ahí, cuando tuviera más tiempo para pensar y menos presión con la que lidiar.

     –No puedes llevártelo –dice alguien dentro de mi cabeza.

Mis manos vuelan a mis oídos, con la intención de que salga de ella, con el deseo de que no la escuche más dentro de mí, con la idea de que lo estoy imaginando.

Me volteo lo más rápido que puedo ignorando el latido frenético de mi corazón por la adrenalina que corre por mi sistema.

     –Todo lo que está aquí, pertenece aquí –dice la persona aun dentro de mi mente, ahora es como si lo escribiera y yo lo leyera en voz alta dentro de mi cabeza, lo único que logro ver es la sombra de alguien alto, la luz se ha ido, junto con la chica dentro del espejo, la obscuridad no me permite observar su rostro, ni siquiera su voz revela si es un hombre o una mujer.

La luz de la luna ilumina el centro de la habitación, él o ella están a unos pasos detrás de la claridad, sólo su mano es lo que puedo ver.

Las palabras han huido de mi boca, no puedo pronunciar ni una sola silaba, el miedo sigue carcomiéndome por dentro, la adrenalina y el miedo no son una buena combinación.

     – ¿Quién… -trago saliva audiblemente –eres? –pregunto susurrando, después de unos largos segundos,  sin embargo dentro de este silencio parece como si lo hubiera gritado, aunque bien pude haberlo hecho por el ruidoso latido de mi corazón aun desbocado.

Observo como la sombra niega cuidadosamente con su cabeza y con ese simple gesto sé que no me va a decir más, que no debo preguntar nada.

Vuelve a hacer una seña, esta vez con sus manos, un gesto que me indica que me acerque, y lo hago cuidadosamente, no porque tenga miedo, sino porque no tengo ni idea de por dónde voy, es extraño que el lugar en donde está el espejo todo se veía claramente pero ahora que estoy con esa persona extraña todo de nuevo ha vuelto a ser obscuro por lo menos en este cuarto de dos por dos.

Extiende su mano para que pueda tomarla, es raro que solamente pueda ver su sombra pero no sus facciones o por lo menos saber qué es lo que es, cuando estoy a punto de tomarla él o ella la retira, como si se lo hubiera pensado mejor.

     –No es a donde perteneces… todavía no.

Y después de esto despierto. Como ¡Puf! Desorientada, y lo primero que veo al abrir los ojos es mi reflejo.

Vuelvo a dormir pero las últimas palabras quedan grabadas en mi mente.

No es a donde perteneces. Todavía no.

Todavía no.

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Bienvenidos a Dosis de letras…


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