Ficción, Literatura, Relato

Olvido

Jose Manuel Hortelano Pi
José Manuel Hortelano-Pi.

Soy un extraño en un lugar desconocido.

La oscuridad me invitaba a entrar, el silencio me gritaba que callará, el viento me llevaba más adentro de todo aquello a lo que le temía, pero mi mente se había quedado vacía.

Camine por aquellas tierras inciertas, dejándome guiar por aquella oscuridad que de repente parecía estar tan vacía como mis recuerdos. Un sonido. Algo roto resonando entre aquella noche silenciosa. Salto del susto, tiemblo del miedo. Desconozco mi propia voz.

Mis recuerdos se habían ido, pero no los de mi cuerpo, me detengo y observo aquel agujero negro en el que me encontraba Ojos observándome desde las alturas. Un silencio abrazador roto por el eco de esa voz desconocida. Sonidos de animales que se parecen a mis lloriqueos.

Soy un extraño en un sitio desconocido.

Creo que he encontrado algo, pero termino estando tan perdido como al inicio. Más ramas rotas abajo mí, no recuerdo el nombre de las cosas con las que camino. El miedo circula por toda mi piel ¿o era otro su nombre?

Grito, sin poder resistirme, lloro como no lo había hecho en años.

Me adentro en la oscuridad, mi rostro está mojado por la perdida, mis lágrimas ni siquiera son saladas, porque el sabor y todo me abandono, lloro por la perdida.

Me adentro en ese lugar desconocido. Me encuentro con lo que queda de mí. Pero al mismo tiempo nadie me encuentra.

La noche es fría. La memoria abandona. El cuerpo se debilita. Y nada se detiene.

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Literatura, Relato

Simple misterio.

Bec Winnel
Bec Winnel

Ella era simple como ninguna mujer cree que lo es.

Su sencillez contrastaba con la vanidad de las demás,  intentaban ser complicadas, sólo haciendo que sus vidas fueran un enredo de misterio, pero ella era el camino fácil, sabias cómo llegar y aunque el trayecto estaba lleno de baches y curvas, seguía siendo la mujer más simple que pude haber conocido.

Me gustaba pensar que soñaba con encontrar el amor, se notaba en su mirada, tal vez esa era la manera en que veía a todas las parejas, o simplemente me gustaba imaginar que ella esperaba por alguien.

Recuerdo verla caminar por las calles, su mirada siempre al frente pero por alguna razón ella no estaba presente, era como si estuviera perdida en su mundo, incluso a veces sonreía cuando el viento soplaba a su alrededor, extendía las manos como si pudiera tocar lo que no podía ser visto y podías sentir su dicha con sólo verla.

Simple era la palabra que la definía, hermosa era como se veía, el único misterio eran sus ojos de un tono como los de la mayoría, cafés, ella podría hacer que ese fuera tu color favorito, lleno de misterio y simpleza a la vez, con montones de sombras y diferentes tonos del mismo café, con un brillo con algún significado, tal vez alegría o simple tristeza, pura y sin sombras, sin ser procesada, sin ser descubierta.

Así era como la veía en mi imaginación y regularmente en mis sueños mientras seguía despierto, así era como escribía sobre ella, sin conocer nada de la realidad, creaba mis propias historias y  mis propias respuestas, esa era la vida de un chico al que le gustaba el drama y las historias escritas porque eran las únicas donde querías que existiera otro final, ya que las de la realidad eran demasiado bobas, el amor llegaba a la semana de haber conocido a alguien, era más importante el lugar donde se celebraban los aniversarios que los años que habían estado juntos. Y las historias de las películas y las que se hacen llamar telenovelas eran demasiado comerciales, con historias tristes que sólo tienen un final feliz, con engaños y perdón, con gente más bonita que la promedio.

Sonreí al suelo, al darme cuenta que estoy perdido en mis pensamientos mientras la veo, el papel frente a mí está vacío y el café que tomaba paso de estar caliente a estar medio frío. Tomo la lapicera entre mis manos, las palabras están frescas en mi mente aunque no en tinta, levanto la vista de mi cuaderno y la veo, sigue sonriendo lo que hace que yo la imite, idiota pienso, pero entonces en ese momento me ve, sus ojos están puestos en mí.

¡Me está sonriendo! Es lo primero que quiero escribir, es lo primero que viene a mi mente, provocando que se escape un ruido bajo en mi garganta de la risa sofocada de lo patético que estoy siendo. Su atención vuelve a su amiga, de la cual sólo estoy viendo su espalda aunque no hace falta que vea su cara, sé de quién se trata.

Regreso la atención a mi mesa, ha sido mi día de descanso y lo único que ocupa mi cabeza es el hecho de que debería de estar escribiendo, intentando crear algo nuevo y dejarla atrás a ella, la conozco desde hace poco más de dos años y ni siquiera se ha dado cuenta de quién soy. De mi boca sale un suspiro de cansancio, niego con la cabeza, la cual se ríe mentalmente de mi lado soñador y cursi, si Baltazar pudiera verme me habría golpeado de verdad, estoy deseando que lo haga.

Guardo mis cosas en el bolso estilo cartero que llevo casi a todos lados, pago por el café y salgo de ahí. Meto las manos en los bolsillos de mis pantalones mientras camino de regreso a mí casa, como casi siempre, observo a las personas, con verlas unos pocos minutos puedes crear historias, ellos pueden ser la vecina chismosa, la madre sumisa o el padre controlador, el hermano preferido o el interesante protagonista, cualquiera puede ser algo, es cuestión de imaginación nada más.

Al llegar a mi habitación las primeras letras que escribo son: Era una flor mística… pero sé  que no funciona, lo borro, antes de que otra palabra sea escrita.

Creo los recuerdos que no han pasado pero están grabados a fuego en mi memoria, han sido plasmados en papel, soy el chico del periódico, el que tiene una columna para escribir poesía, el que consiguió un trabajo escribiendo ahí gratis, pero ahora recibe un pequeño sueldo, a causa de la demanda de los viejos y románticos, sólo ellos podrían leerla.

Por eso lo agradezco, algún día seré un famoso escritor o por lo menos un pordiosero, pero haré lo que me gusta, escribiré. Porque sé que es lo correcto por hacer.

Me mantengo en secreto, ni siquiera mis padres saben que escribo esa columna, ni siquiera mi mejor amigo lo sabe. Es un secreto que sólo es mío y sé que los secretos tienen cierto poder entre la gente.

Me gustaba pensar que ella era simple y yo todo un misterio, pero yo de misterioso no tengo nada más que mi seudónimo.

Me hacía llamar B. M.

El editor del periódico me dijo una vez que por qué tanto misterio, me pregunto por el significado de esas iniciales, y le respondí, que no quería que nadie supiera lo que escribía y que eran las iniciales de mi nombre, él asintió y dijo, “claro los muchachos de estos tiempos lo tomarían como burla, todo es un chiste para ellos”, yo dije que sí, aunque esa no era mi verdadera razón, pero era mejor que decirle lo ridículo que  significaban esas iniciales. Eran Bastián Misterio, en lugar de mi apellido correcto me gustaba imaginar que era Misterio, quería hacerle honor a mi idea de serlo.

Ridículo.

Pero en realidad esa era la mejor palabra que podría describirme, tenía apenas 19 años, y tenía los  sueños de un señor de 40, me preguntaba cada día y noche si era normal, pero aun si no lo fuera, no podría cambiar de  la noche a la mañana.

Después de un rato las palabras fueron escritas con tanta rapidez en una hoja de papel arrugada, con el miedo de no escribir lo suficientemente rápido, temiendo por olvidar lo que se me ocurría.

-Bastián, te busca Baltazar –grito mi mamá desde la cocina.

Finalice la última palabra que había escrito y me apresure a guardar todo debajo de mi cama, era el mejor escondite de un chico, nadie se arriesgaba a buscar ahí.

Ficción, Literatura, Relato

Sin esperanza.

Ricardo Fumanal
Ricardo Fumanal

La esperanza era lo último que moría… eso era lo que siempre decía, la sangre esparcida alrededor del suelo, de la mesa, de sus manos, todo estaba salpicado de manchas carmesí, algunas ya comenzando a secarse dejando un aspecto de suciedad.

El sudor recorría su frente, los guantes blancos ahora estaban teñidos de un color oscuro, el olor de la habitación era intenso, la carne estaba comenzando a descomponerse.

Este era el fin… pero seguía repitiéndose una y otra vez que la esperanza era lo último que moría… porque definitivamente el cuerpo que estaba sobre la mesa había muerto desde algunos días.

Ni una sola lágrima había derramado, sabiendo que la precisión en las operaciones tenía que ser exacta.

Un derecho, un revés.

Un derecho, un revés.

El brazo que estaba cosiendo estaba pálido, la piel estaba reseca, el olor pútrido de la carne descompuesta seguía flotando en el aire. Tomando una respiración determinada siguió cosiendo mientras tarareaba una de sus canciones preferidas.

Estaba creando un humano mejorado, porque el humano normal que había estado vivo hace unos días había fallado, su corazón se había detenido, como lo hacían los relojes.

Un derecho, un revés.

Un derecho, un revés.

  Dando por terminadas las últimas puntadas del brazo izquierdo, tomo un bisturí y abrió su pecho, lo único que hacía falta en aquel ser era un nuevo corazón, porque ese era el que no podría resistir más.

La canción que seguía tarareando nunca terminaba, y cada vez que llegaba a la parte final, regresaba a cantarla desde el principio, porque así sería aquel ser, si algún día parara, entonces la canción volvería a iniciar desde el primer segundo hasta el último y así todo de vuelta hasta que llegara el fin de los tiempos.

Conectando el corazón como si de cables se tratara, comenzó a darle pequeñas descargas eléctricas, el cuerpo helado, el nuevo corazón caliente.

Uno… dos… tres…

Cuatro… cinco… seis…

Nada…

Uno… dos… tres…

Nada…

Cuatro… cinco… seis…

Bombeo…

Nada…

Uno… bombeo… dos… nada… bombeo…

El latido del corazón era lento, muy lento.

Una sonrisa comenzó a formarse en los labios de aquel pobre hombre que se había vuelto loco por traer de la muerte a un ser que ya no pertenecía al mundo de los vivos.

Sujetando la mano de aquel ser que ni siquiera se le podría llamar humano, él se quedó, a la espera de cualquier signo nuevo de vida.

La respiración era superficial, las heridas de cada una de las partes de su cuerpo que se conectaba con otra pieza nueva estaban rojas, llenas de cicatrices que muy difícilmente desaparecerían.

Las horas pasaron… los días siguieron su curso y aquel cuerpo comenzó a recuperarse, el color rosado de sus mejillas empezaba a notarse, los parpados temblaban a la espera de abrir esas ventanas que ahora estaban vacías… carentes de sentimientos, carentes de luz.

El olor de la habitación era insoportable, pero después de pasar el tiempo suficiente ya no hacía mucho la diferencia si estaba limpio o no.

La sangre una vez carmesí ahora era de tono café, pegada a todas partes y difícilmente seria limpiada.

El latido de aquel ser resonaba en el silencio muerto que llenaba la habitación.

Un jadeo abandono los labios de aquella criatura, trayendo al presente a aquel pobre hombre loco de poder, loco de dolor, el hombre parpadeo varias veces, esperando que no fuera producto de su imaginación.

Por fin alguien había sobrevivido…

Uno… dos… tres… jadeo.

Uno… dos… tres… jadeo.

Los ojos se le iluminaron, cuando aquella criatura abrió los ojos, de su boca salió un grito ahogado, el cual sólo pudo ser escuchado por aquellos que habían sufrido lo mismo que él.

La esperanza era lo último que moría. Recordó.

Pero al igual que la esperanza las criaturas que no eran humanas… aunque estuvieran formadas de partes de seres vivos, no tenían esperanza.

Porque aquel hombre loco de dolor y poder, no tenía esperanza.

Había perdido su humanidad.

Había perdido aquel ser que por fin había sobrevivido después de todos los fracasos.

Con un grito inhumano escapando de su garganta, una lagrima cayo, estrellándose en el torso de aquel ser.

La canción había llegado a su fin… pero volvería a iniciar hasta lograr lo que un día había perdido.

Ficción, Literatura, Relato

Siete demonios.

Había dos partes de él, nadie conocía verdaderamente ni una sola de ellas.

Él seguía sangrando por dentro, tratando de contener la parte que era salvaje, la que desgarraría todo lo que había a su alrededor sin piedad porque cada uno guardaba a sus demonios bajo llave, sin embargo algunos de ellos no podían ser contenidos ni detenidos después de mucho tiempo.

Así eran los de él, dos partes que nadie conocía, la parte que él aún podía controlar era la de un ser humano normal y corriente, más normal que corriente, su vida había estado llena de lujos pero antes de ello la humillación sólo hizo que la segunda parte de ellas se hiciera más salvaje, más inhumana, se alimentaba del odio y del dolor, la rabia que él tragaba era el alimento perfecto para seguir alimentando a lo que fuera que tenía dentro de él, esa parte, la única que nadie más conocía tenía siete demonios que habían logrado romper las cadenas que los mantenían en lo más profundo de su ser.

El sudor recorría su rostro, pálido por el esfuerzo de mantenerse en pie.

El hombre que se encontraba solo en ese lugar grito, haciendo sangrar sus cuerdas vocales, el dolor era insoportable, alguien estaba apuñalándolo por la espalda, nadie podría detenerlo, los siete demonios que había guardado bajo llave estaban siendo liberados.

Todo ellos saldrían sin tener piedad y cómo la tendrían si él no la había tenido al encerrarlos por todo ese tiempo dentro de un cuerpo en el que sólo podían ser espectadores, siendo controlados por cadenas y haciéndolos sangrar por el esfuerzo de querer ser liberados.

El grito que salía de su garganta ya no era fuerte, estaban agotando sus fuerzas, una sombra oscura salió de su cuerpo, casi instantáneamente comenzó a tomar la forma de su creador, el primer demonio estaba fuera.

Sólo que en lugar de tener los mismos rasgos de aquel hombre las facciones del demonio eran más oscuras, un leve color gris iluminaba su cara, al igual que un tono más oscuro de los ojos verdes de este,  dejándolo casi inconsciente por el esfuerzo de mantenerlos aun dentro de su cuerpo un jadeo escapo de los labios de su dueño, estaba a punto de caer desmayado, pero sólo casi, el primer demonio fue a esperar en una de las esquinas de la habitación gris y oscura el ser que la habitaba estaba a punto de perder la vida que una vez creyó poder poseer.

La bombilla que iluminaba la habitación comenzó a fallar cuando un espasmo sacudió el cuerpo del hombre que ocupaba el centro del lugar, dejándolos por una milésima de segundos en la oscuridad.

Una segunda sombra salió de su cuerpo, haciendo que se doblara sujetándose el estómago, un leve jadeo hizo que su cuerpo se estremeciera. Esta sombra que pronto se convirtió en otro de los demonios no había dolido tanto como el primero, era casi exactamente igual al hombre que respiraba entrecortadamente por la boca, sus jadeos hacían eco en el lugar, tomaba todo el aire que se filtraba por las rendijas de la puerta y la ventana.

Como si no tuviera nada más interesante que hacer en esos momentos el segundo de ellos se quedó observando con admiración al hombre que se retorcía, el hombre  estaba debatiéndose en si debía tirarse al suelo y hacerse un ovillo y rogar porque todo fuera sólo un sueño, no importaba si era uno muy vivido, mientras fuera un sueño todo seguiría siendo igual, podría controlar lo que estaba a su alrededor.

-¡Ah! –grito dejándose caer en una de sus rodillas.

Alguien estaba haciendo que su cuerpo no respondiera a sus órdenes, estaba siendo castigado por siquiera pensar en mantener a los cinco demonios restantes dentro de sí.

Por un minuto el aire regreso a sus pulmones, dejándolo descansar y sólo estaban haciendo eso, si él se desmayaba no podrían escapar de ahí.

Una tercer sombra comenzó a emerger de él, esta era lenta y torpe, como si la luz entorpeciera la forma en que se movía, todos salían de su espalda, ni uno sólo había salido como lo hacen en las películas donde alguien esta poseído, esta era igual que la primera, oscura, aunque si mirabas de cerca podrías darte cuenta que sus ojos no brillaban como lo hacían los de los otros dos demonios, esta sombra parecía ser un poco menos humana que las demás, como si en verdad estuviera muerto.

Se unió al primero, dejándose caer con un golpe sordo sobre el frío suelo.

La cuarta sombra, el cuarto demonio salió rápido y ágilmente, permitiendo que su captor no sufriera demasiado como lo había hecho con la última que había salido de él, los labios del hombre estaban tornándose pálidos, y un sudor frío recorría toda su frente, el temblor de sus miembros dificultaba que el quinto de ellos saliera, estaba siendo rápido para por fin salir y ver todo lo que se había limitado a ver a través de los ojos que le habían privado de observar el mundo completamente con sus propios ojos, si tan sólo no le hubiera negado tantas veces el ver lo que él necesitaba, esa sombra se hubiera quedado, pero después de estar encadenado y sin siquiera recibir una sola recompensa por todo el tiempo que estuvo atada, se sentía impaciente por salir.

Al estar frente al hombre que lo había privado de todo ello se quedó viéndolo, compasión, eso hubiera sentido si él hubiera mostrado un poco hacia esos seres que lo habitaban.

Negando con la cabeza el quinto  demonio se alejó viendo primero lo que se encontraba al otro lado de la ventana, todo era oscuro pero pronto vendría otro día.

La sexta sombra apareció como si estuviera flotando alrededor del cuerpo que ahora estaba sacudiéndose violentamente sobre el suelo, una fina capa de sudor cubría el piso donde se encontraba el hombre tirado, el sudor hacia que la ropa se le pegara al cuerpo.

El último de sus demonios estaba aún esperando el momento para salir y emerger a la vida, podía sentir el poder al ser el único que quedaba, podía sentir el miedo cubriendo todas las paredes del cuerpo que lo mantenía encerrado, el miedo era el mejor alimento para un demonio, saboreaba todas los sentimientos de quienes lo transpiraban.

Un sollozo salió de los labios de aquel hombre, el ultimo demonio podía oírlo tan fuerte dentro de su cabeza que casi quiso darle un puñetazo, pero no lo haría porque después de haber vivido y compartido un cuerpo con él se sentía incorrecto hacerlo.

Aspirando todas las emociones que salían como si no hubiera mañana comenzó a prepararse para salir, probablemente no quedaría mucho tiempo antes de que el hombre dejara de vivir y el muriera sino salía rápido.

La última sombra emergió dándole la bienvenida al primer rayo de luz que vieron sus ojos, no era luz natural pero después de todo seguía siendo luz.

Los rasgos de este último comenzaron a tornarse exactamente iguales  que los de su creador, la misma mueca en el rostro cuando sonreía, porque era lo que estaba haciendo, estaba sonriendo por fin eran libres, siete demonios que habían pasado su vida entera esperando ese momento.

El cuerpo que se encontraba en la mitad de  la habitación ahora estaba tirado en el suelo, el sudor cubría su rostro completamente, unos temblores sacudían su cuerpo, que una vez había sido fornido y alto ahora estaba convertido en algo delgado y frágil.

Sus ojos verdes se dirigieron a los siete demonios que se encontraban alrededor de él, como si estuvieran esperando a que dejara de existir.

Pero sólo había una cosa que ellos habían olvidado, si el moría, entonces ellos lo harían también, después de todo seguían siendo el mismo, sólo separados.

Hola, este es un relato que he escrito hace ya tiempo, lo he estado editando y lo he dejado así, me gustaría saber cuál es su opinión, ojala puedan decirme qué les parece 🙂 

Misterio, Relato

Escarlata

Hola lectores, ¿cómo están? Bueno hoy les traigo esta nueva propuesta “Escarlata”, me gustaría saber sus opiniones, prometo leer todas ellas.


Me pierdo en los libros pensando que es ahí donde me encontraré.

Los días lluviosos regularmente hacen que me pregunte qué es lo que hago aquí, las personas que van con un libro en mano a una cafetería y se quedan mirando las calles sin siquiera leer una sola línea, es lo que me hace preguntar, qué rayos es lo que está pasando con la inteligencia.

La lluvia cae en el pavimento, haciendo el sonido mucho más fuerte, sólo va en crescendo.

-Disculpe, puede rellenar mi taza.

Él viene cada jueves y siempre lleva un libro, ni siquiera lo abre, sólo lo hacía cuando una mujer entraba.

-Enseguida señor –sonrío, es a lo que me dedico, sonreír mientras sirvo café y  cualquier cosa que se venda aquí.

-Está lloviendo a cantaros –dice el señor a quien acabo de rellenar su taza.

-Sí –suspiro teatralmente –parece que durará un poco más.

Sin esperar su respuesta me doy la vuelta y limpio la barra, aunque el lugar este medio vacío y las mesas y todo alrededor este limpio paso el trapo, esperando no encontrarme con conversaciones forzadas para mí.

-Deja de limpiar eso Eco, ya está más que reluciente esa barra de granito.

-Eso es lo que tú crees, siempre habrá un germen por ahí.

Mi compañera niega y veo como una leve sonrisa aparece en sus labios, Clara sabe que el germen al que me refiero es a ese señor treintañero, la sonrisa se convierte en un gesto en cadena ya que yo también la imito y por consiguiente el señor a quien me refería lo hace también.

 La puerta de entrada es abierta, trayendo consigo una leve ráfaga de aire fresco debido a la lluvia, un chico con el cabello mojado y la ropa húmeda entra en el lugar, dejando un rastro de agua con cada paso que da.

Sólo espera a que se siente Eco, no hagas de esto un drama.

Él se sienta en la barra, en el lado opuesto en el que está el señor. Busco con la mirada a Clara, quien ha desaparecido.

Regreso la vista a donde se encuentra, no sin antes darle un último vistazo al pequeño camino que ha dejado.

-Entonces ¿qué te sirvo? –digo con la sonrisa más sincera que puedo ofrecer aunque ahora mismo parezca una mueca psicópata.

Él sacude su cabeza dejando gotas en la barra.

Mi mano está a punto de tomar el trapo que está a mi espalda.

No lo hagas.

-¿Un café? –su cabeza se encuentra levemente agachada.

Soplo aire a mi cara.

Por Dios, que genio.

-Sí –mi sonrisa se ha hecho más forzada –pero, tenemos muchos tipos de café. ¿Alguno en especial que te gustaría tomar?

-No. El típico está bien. –Levanta el rostro, su cara tiene un gesto de incomodidad. Yo sigo esperando por más, segura de que se arrepentirá y dejará el lugar. –Negro, sin azúcar, ni nada.

Tomo nota en mi mente y preparo el café, estoy teniendo serios problemas preparándolo, mi cerebro sólo piensa en el camino de agua.

-Gracias –dice, después de dejar el café frente a él.

Hago un movimiento de cabeza y me dirijo a limpiar el desastre. Mis hombros se relajan en el momento en que empiezo a trapear el piso.

-Lo siento por eso.

-No, no hay problema, es mi trabajo después de todo.

-Es inevitable no mojarse si se está ahí afuera –dice el señor al otro extremo.

Sonrío a ambos y me voy de ahí, necesito ahora mismo un descanso, no puedo lidiar con la idiotez humana de hoy, por más leve que sean sus comentarios los encuentro sin sentido.

 ***

-No llegare ni a la esquina.

-Espérame y te acompaño. ¿Puedes detener el paraguas?

Sus brazos aun están cruzados sobre su pecho en un intento por mantener el calor, Clara toma con ambos puños el mango del paraguas mientras cierro la puerta delantera de la cafetería.

-Apúrate Eco, las calles están solas.

-No presiones –mantengo los dientes apretados en un intento de que dejen de temblar.

-¿Por qué debemos vivir en diferentes lados? –Susurra – ¿Quieres venir a mi casa? O tal vez yo pueda ir a la tuya.

Río por lo bajo, pero suena más como un chillido que una risa.

-¿A caso tienes miedo Clara?

-No sé, siento esa cosa en el pecho, pero tampoco sé si es el frío –sus dientes están castañeando.

-Listo. Vámonos, te acompaño hasta que subas a tu camión.

Clara no era miedosa, mucho menos nerviosa, seguro había visto una de esas películas de suspenso o terror y una escena de esas era muy parecida a donde estábamos, siempre eso la ponía un poco rara.

-¿Por fa?

Tome su brazo, entrelazándolo con el mío, yo era más alta que ella así que Clara tenía que dar los pasos un poco más largos de lo normal.

-Creo que correré de aquí a allá.

-¿Eh? –fue lo único que pude decir.

-Las luces, son probablemente del camión.

Las calles estaban casi vacías, sólo un par de personas pasaban por ahí, lo cual era raro ya que era una de las calles principales.

-Está bien –dije, ella se despidió de mí con una palmada en mi brazo derecho y salió corriendo, tapándose la cabeza con su pequeño bolso.

Tape mi boca cuando Clara casi se caía, mis dientes también castañeaban, entonces volví a cubrirla esperando que la risa y el castañeo se fueran, mientras la veía correr intentando llegar a la esquina de la calle.

Pero no pude ahogar el grito ahogado que salió de mi garganta.

No eran las luces del camión, eran las luces de una camioneta demasiado grande, una persona con un impermeable salió de ahí, no le dio oportunidad ni de gritar cuando la jalo hacia atrás, Clara cayó al suelo, ni siquiera pataleo, él sólo la arrastro y la llevo dentro con él.

No me di cuenta que mi mano había abandonado mi boca, estaba gritando.

Clara, me pareció escuchar, Ayuda, debí gritar.

¿Qué les pareció? Agradecería sus comentarios muchísimo y estén pendientes de la historia que apenas es el comienzo, nos vemos.

Contemporáneo, Ficción, Misterio

Efímero

Hola, ¿cómo se encuentran lectores? Aquí les dejamos nuestra primera entrada, la primera dosis, esperamos por sus criticas o comentarios, recuerden que somos novatos en la escritura y cualquier aportación nos ayudaría muchísimo.

Esperamos que lo disfruten… 

Todo aquí es obscuro, hay un destello de luz muy débil que sólo ilumina la parte trasera de alguien  que va adelante de mí, los  pasillos son largos y angostos, lo único que escucho son las respiraciones de más personas detrás de mí, incluso puedo sentir una respiración en mi cuello, está cerca.

     –No se separen, su mirada al frente y sin hablar, recuerden que los estamos vigilando –dice una voz, no sé de donde viene pero es como si hablaran dentro de mi cabeza.

Confundiéndome.

Tal vez ahora si estoy loca de verdad. Pero a pesar de que no sé de donde viene o si en realidad está dentro de mí, su voz revela demasiado, su tono esconde algo… algo frío y controlado, pero al mismo tiempo suena relajado.

Caminamos en línea recta, ninguna de las personas que va adelante de mi voltea, sus respiraciones incluso suenan  iguales, es como si inhalaran y exhalaran al mismo tiempo, los mismos movimientos al caminar.  Mientras yo estoy respirando entrecortada y rápidamente, el aire aquí no es suficiente para mi, estoy encerrada y no hay una salida, el sudor recorre mi espalda a pesar del frío que hace  y mis pasos no pueden igualar el de las otras dos personas que van adelante, supongo que somos los primeros, aun no he visto algún pasillo para poder escapar, todos aquí parecen robots, hacen exactamente lo que la voz dijo.

Por la esquina de mis ojos observo lo que tengo alrededor, puedo sentir mi miedo, incluso es como si pudiera tocarlo, no sé qué es lo que estoy haciendo, no sé cómo es que llegue aquí, no sé cómo salir,  ni siquiera puedo distinguir el color de las paredes.

No hay ventanas.

No hay puertas.

Sólo espejos.

Que regresan mi mirada perdida a cualquiera que vea.

Alguien me empuja hacia un lado, trago el grito que casi sale de mi boca, y con el también el miedo de ser descubierta, mi respiración es aun más agitada, pongo mis dos manos en mis rodillas intentando tomar todo el aire que puedo, estoy asfixiándome, a lo mejor han pasado más de diez minutos, o quizás lleve una vida aquí, cuando por fin me estoy recuperando  giro la cabeza, pero ya no hay nadie a mi alrededor.

Ellos han desaparecido, me doy cuenta de que me encuentro dentro del marco de un espejo. Estoy dentro de un espejo.  No hay nadie ahí afuera que pueda ayudarme a salir.

Golpeo con toda la fuerza que me queda el vidrio, pero este es inquebrantable, ni siquiera logro hacerle una fisura,  mi respiración es cada vez más pesada. Tal vez por el miedo de quedarme atrapada, quizás porque no parece que haya suficiente aire, o tal vez por ambas.

El tiempo parece detenerse mientras observo mi alrededor, todo sucede como en cámara lenta, mis ojos están buscando  cualquier cosa, cualquier agujero, aire, o una puerta, lo que sea, entonces es donde lo veo, un agujero redondo en lo alto de la pared, es ahí donde veo un rayo de luz, no es la luz del sol, es un rayo de luz de luna, aun todo está obscuro, pero ese rayo está ahí como si esperara a que fuera directo a él, dándome un respiro, el aire que necesito dentro de mis pulmones, sin embargo hay algo que llama mi atención desde mi vista periférica, ahí hay otro espejo, este es más pequeño que los otros que he visto aquí antes, a diferencia de los otros este es ovalado y tiene un marco antiguo pero aun así hermoso, no sé porque me recuerda al espejo de la bruja de Blancanieves , tampoco sé porque me estoy acercando, es como si mis pies tuvieran mente propia y me doy cuenta de que no estoy pensando en nada, no hay nada dentro de mi cabeza que no sea caminar directo al espejo. Mi respiración se ha estabilizado.

Antes de ver mi reflejo lo primero que veo es obscuridad. Lo segundo… es a otra persona atrapada ahí, sus ojos devuelven mi mirada asustada, su cara es diferente a la mía, pero refleja lo mismo que yo.

Miedo.

No estoy pensando cuando veo que su mano está tocando el espejo y me veo haciendo lo mismo, espero ver que el cristal del espejo tiemble, que se mueva como un charco de agua al que acaban de interrumpir su calma, sin embargo no pasa nada.

Sólo siento el leve cosquilleo del calor humano que sientes cuando tocas a otra persona,  no es la superficie helada que esperaba encontrar. Mis ojos vuelven directo a los suyos, es como si todos los movimientos que ella hace los hiciera yo y viceversa.

Veo el piso, dentro de su espejo, es una realidad alternativa, todo dentro de él es luz, mientras que de mi lado todo es obscuridad, esta vez ella pone su mano derecha en el espejo y hago lo mismo, y luego todo lo que sé es que la obscuridad se ha ido, ella se la ha llevado, como si pudiera leer mis pensamientos sabiendo que tenía miedo de estar en ella.

Esta vez quiero decir algo, pero tengo miedo, de que de nuevo sea consumida por las sombras, si nos están vigilando pronto se darán cuenta de que no estoy con los demás, aunque también siento miedo de quedarme atrapada aquí, vuelvo a girar la cabeza y por primera vez una idea cruza mi mente, tal vez ahora estoy atrapada como lo está ella para siempre. Sin una oportunidad de salir de aquí.

Busco frenéticamente la luz del rayo de la luna, sigue ahí. No ha cambiado nada, aparte del hecho de que se han encendido las luces,  respiro aliviada porque por alguna razón llegue a pensar que algo cambiaría.

Mi cerebro busca alguna idea para poder sacar a la chica que está atrapada ahí, tal vez romper el espejo pero ¿y si ella se quebrara al mismo tiempo que él? Tal vez si escapo con el espejo pudiera encontrar una forma de sacarla de ahí, cuando tuviera más tiempo para pensar y menos presión con la que lidiar.

     –No puedes llevártelo –dice alguien dentro de mi cabeza.

Mis manos vuelan a mis oídos, con la intención de que salga de ella, con el deseo de que no la escuche más dentro de mí, con la idea de que lo estoy imaginando.

Me volteo lo más rápido que puedo ignorando el latido frenético de mi corazón por la adrenalina que corre por mi sistema.

     –Todo lo que está aquí, pertenece aquí –dice la persona aun dentro de mi mente, ahora es como si lo escribiera y yo lo leyera en voz alta dentro de mi cabeza, lo único que logro ver es la sombra de alguien alto, la luz se ha ido, junto con la chica dentro del espejo, la obscuridad no me permite observar su rostro, ni siquiera su voz revela si es un hombre o una mujer.

La luz de la luna ilumina el centro de la habitación, él o ella están a unos pasos detrás de la claridad, sólo su mano es lo que puedo ver.

Las palabras han huido de mi boca, no puedo pronunciar ni una sola silaba, el miedo sigue carcomiéndome por dentro, la adrenalina y el miedo no son una buena combinación.

     – ¿Quién… -trago saliva audiblemente –eres? –pregunto susurrando, después de unos largos segundos,  sin embargo dentro de este silencio parece como si lo hubiera gritado, aunque bien pude haberlo hecho por el ruidoso latido de mi corazón aun desbocado.

Observo como la sombra niega cuidadosamente con su cabeza y con ese simple gesto sé que no me va a decir más, que no debo preguntar nada.

Vuelve a hacer una seña, esta vez con sus manos, un gesto que me indica que me acerque, y lo hago cuidadosamente, no porque tenga miedo, sino porque no tengo ni idea de por dónde voy, es extraño que el lugar en donde está el espejo todo se veía claramente pero ahora que estoy con esa persona extraña todo de nuevo ha vuelto a ser obscuro por lo menos en este cuarto de dos por dos.

Extiende su mano para que pueda tomarla, es raro que solamente pueda ver su sombra pero no sus facciones o por lo menos saber qué es lo que es, cuando estoy a punto de tomarla él o ella la retira, como si se lo hubiera pensado mejor.

     –No es a donde perteneces… todavía no.

Y después de esto despierto. Como ¡Puf! Desorientada, y lo primero que veo al abrir los ojos es mi reflejo.

Vuelvo a dormir pero las últimas palabras quedan grabadas en mi mente.

No es a donde perteneces. Todavía no.

Todavía no.