Ficción, Literatura, Relato

Olvido

Jose Manuel Hortelano Pi
José Manuel Hortelano-Pi.

Soy un extraño en un lugar desconocido.

La oscuridad me invitaba a entrar, el silencio me gritaba que callará, el viento me llevaba más adentro de todo aquello a lo que le temía, pero mi mente se había quedado vacía.

Camine por aquellas tierras inciertas, dejándome guiar por aquella oscuridad que de repente parecía estar tan vacía como mis recuerdos. Un sonido. Algo roto resonando entre aquella noche silenciosa. Salto del susto, tiemblo del miedo. Desconozco mi propia voz.

Mis recuerdos se habían ido, pero no los de mi cuerpo, me detengo y observo aquel agujero negro en el que me encontraba Ojos observándome desde las alturas. Un silencio abrazador roto por el eco de esa voz desconocida. Sonidos de animales que se parecen a mis lloriqueos.

Soy un extraño en un sitio desconocido.

Creo que he encontrado algo, pero termino estando tan perdido como al inicio. Más ramas rotas abajo mí, no recuerdo el nombre de las cosas con las que camino. El miedo circula por toda mi piel ¿o era otro su nombre?

Grito, sin poder resistirme, lloro como no lo había hecho en años.

Me adentro en la oscuridad, mi rostro está mojado por la perdida, mis lágrimas ni siquiera son saladas, porque el sabor y todo me abandono, lloro por la perdida.

Me adentro en ese lugar desconocido. Me encuentro con lo que queda de mí. Pero al mismo tiempo nadie me encuentra.

La noche es fría. La memoria abandona. El cuerpo se debilita. Y nada se detiene.

Misterio, Relato

Escarlata

Hola lectores, ¿cómo están? Bueno hoy les traigo esta nueva propuesta “Escarlata”, me gustaría saber sus opiniones, prometo leer todas ellas.


Me pierdo en los libros pensando que es ahí donde me encontraré.

Los días lluviosos regularmente hacen que me pregunte qué es lo que hago aquí, las personas que van con un libro en mano a una cafetería y se quedan mirando las calles sin siquiera leer una sola línea, es lo que me hace preguntar, qué rayos es lo que está pasando con la inteligencia.

La lluvia cae en el pavimento, haciendo el sonido mucho más fuerte, sólo va en crescendo.

-Disculpe, puede rellenar mi taza.

Él viene cada jueves y siempre lleva un libro, ni siquiera lo abre, sólo lo hacía cuando una mujer entraba.

-Enseguida señor –sonrío, es a lo que me dedico, sonreír mientras sirvo café y  cualquier cosa que se venda aquí.

-Está lloviendo a cantaros –dice el señor a quien acabo de rellenar su taza.

-Sí –suspiro teatralmente –parece que durará un poco más.

Sin esperar su respuesta me doy la vuelta y limpio la barra, aunque el lugar este medio vacío y las mesas y todo alrededor este limpio paso el trapo, esperando no encontrarme con conversaciones forzadas para mí.

-Deja de limpiar eso Eco, ya está más que reluciente esa barra de granito.

-Eso es lo que tú crees, siempre habrá un germen por ahí.

Mi compañera niega y veo como una leve sonrisa aparece en sus labios, Clara sabe que el germen al que me refiero es a ese señor treintañero, la sonrisa se convierte en un gesto en cadena ya que yo también la imito y por consiguiente el señor a quien me refería lo hace también.

 La puerta de entrada es abierta, trayendo consigo una leve ráfaga de aire fresco debido a la lluvia, un chico con el cabello mojado y la ropa húmeda entra en el lugar, dejando un rastro de agua con cada paso que da.

Sólo espera a que se siente Eco, no hagas de esto un drama.

Él se sienta en la barra, en el lado opuesto en el que está el señor. Busco con la mirada a Clara, quien ha desaparecido.

Regreso la vista a donde se encuentra, no sin antes darle un último vistazo al pequeño camino que ha dejado.

-Entonces ¿qué te sirvo? –digo con la sonrisa más sincera que puedo ofrecer aunque ahora mismo parezca una mueca psicópata.

Él sacude su cabeza dejando gotas en la barra.

Mi mano está a punto de tomar el trapo que está a mi espalda.

No lo hagas.

-¿Un café? –su cabeza se encuentra levemente agachada.

Soplo aire a mi cara.

Por Dios, que genio.

-Sí –mi sonrisa se ha hecho más forzada –pero, tenemos muchos tipos de café. ¿Alguno en especial que te gustaría tomar?

-No. El típico está bien. –Levanta el rostro, su cara tiene un gesto de incomodidad. Yo sigo esperando por más, segura de que se arrepentirá y dejará el lugar. –Negro, sin azúcar, ni nada.

Tomo nota en mi mente y preparo el café, estoy teniendo serios problemas preparándolo, mi cerebro sólo piensa en el camino de agua.

-Gracias –dice, después de dejar el café frente a él.

Hago un movimiento de cabeza y me dirijo a limpiar el desastre. Mis hombros se relajan en el momento en que empiezo a trapear el piso.

-Lo siento por eso.

-No, no hay problema, es mi trabajo después de todo.

-Es inevitable no mojarse si se está ahí afuera –dice el señor al otro extremo.

Sonrío a ambos y me voy de ahí, necesito ahora mismo un descanso, no puedo lidiar con la idiotez humana de hoy, por más leve que sean sus comentarios los encuentro sin sentido.

 ***

-No llegare ni a la esquina.

-Espérame y te acompaño. ¿Puedes detener el paraguas?

Sus brazos aun están cruzados sobre su pecho en un intento por mantener el calor, Clara toma con ambos puños el mango del paraguas mientras cierro la puerta delantera de la cafetería.

-Apúrate Eco, las calles están solas.

-No presiones –mantengo los dientes apretados en un intento de que dejen de temblar.

-¿Por qué debemos vivir en diferentes lados? –Susurra – ¿Quieres venir a mi casa? O tal vez yo pueda ir a la tuya.

Río por lo bajo, pero suena más como un chillido que una risa.

-¿A caso tienes miedo Clara?

-No sé, siento esa cosa en el pecho, pero tampoco sé si es el frío –sus dientes están castañeando.

-Listo. Vámonos, te acompaño hasta que subas a tu camión.

Clara no era miedosa, mucho menos nerviosa, seguro había visto una de esas películas de suspenso o terror y una escena de esas era muy parecida a donde estábamos, siempre eso la ponía un poco rara.

-¿Por fa?

Tome su brazo, entrelazándolo con el mío, yo era más alta que ella así que Clara tenía que dar los pasos un poco más largos de lo normal.

-Creo que correré de aquí a allá.

-¿Eh? –fue lo único que pude decir.

-Las luces, son probablemente del camión.

Las calles estaban casi vacías, sólo un par de personas pasaban por ahí, lo cual era raro ya que era una de las calles principales.

-Está bien –dije, ella se despidió de mí con una palmada en mi brazo derecho y salió corriendo, tapándose la cabeza con su pequeño bolso.

Tape mi boca cuando Clara casi se caía, mis dientes también castañeaban, entonces volví a cubrirla esperando que la risa y el castañeo se fueran, mientras la veía correr intentando llegar a la esquina de la calle.

Pero no pude ahogar el grito ahogado que salió de mi garganta.

No eran las luces del camión, eran las luces de una camioneta demasiado grande, una persona con un impermeable salió de ahí, no le dio oportunidad ni de gritar cuando la jalo hacia atrás, Clara cayó al suelo, ni siquiera pataleo, él sólo la arrastro y la llevo dentro con él.

No me di cuenta que mi mano había abandonado mi boca, estaba gritando.

Clara, me pareció escuchar, Ayuda, debí gritar.

¿Qué les pareció? Agradecería sus comentarios muchísimo y estén pendientes de la historia que apenas es el comienzo, nos vemos.