Literatura, Relato

Simple misterio.

Bec Winnel
Bec Winnel

Ella era simple como ninguna mujer cree que lo es.

Su sencillez contrastaba con la vanidad de las demás,  intentaban ser complicadas, sólo haciendo que sus vidas fueran un enredo de misterio, pero ella era el camino fácil, sabias cómo llegar y aunque el trayecto estaba lleno de baches y curvas, seguía siendo la mujer más simple que pude haber conocido.

Me gustaba pensar que soñaba con encontrar el amor, se notaba en su mirada, tal vez esa era la manera en que veía a todas las parejas, o simplemente me gustaba imaginar que ella esperaba por alguien.

Recuerdo verla caminar por las calles, su mirada siempre al frente pero por alguna razón ella no estaba presente, era como si estuviera perdida en su mundo, incluso a veces sonreía cuando el viento soplaba a su alrededor, extendía las manos como si pudiera tocar lo que no podía ser visto y podías sentir su dicha con sólo verla.

Simple era la palabra que la definía, hermosa era como se veía, el único misterio eran sus ojos de un tono como los de la mayoría, cafés, ella podría hacer que ese fuera tu color favorito, lleno de misterio y simpleza a la vez, con montones de sombras y diferentes tonos del mismo café, con un brillo con algún significado, tal vez alegría o simple tristeza, pura y sin sombras, sin ser procesada, sin ser descubierta.

Así era como la veía en mi imaginación y regularmente en mis sueños mientras seguía despierto, así era como escribía sobre ella, sin conocer nada de la realidad, creaba mis propias historias y  mis propias respuestas, esa era la vida de un chico al que le gustaba el drama y las historias escritas porque eran las únicas donde querías que existiera otro final, ya que las de la realidad eran demasiado bobas, el amor llegaba a la semana de haber conocido a alguien, era más importante el lugar donde se celebraban los aniversarios que los años que habían estado juntos. Y las historias de las películas y las que se hacen llamar telenovelas eran demasiado comerciales, con historias tristes que sólo tienen un final feliz, con engaños y perdón, con gente más bonita que la promedio.

Sonreí al suelo, al darme cuenta que estoy perdido en mis pensamientos mientras la veo, el papel frente a mí está vacío y el café que tomaba paso de estar caliente a estar medio frío. Tomo la lapicera entre mis manos, las palabras están frescas en mi mente aunque no en tinta, levanto la vista de mi cuaderno y la veo, sigue sonriendo lo que hace que yo la imite, idiota pienso, pero entonces en ese momento me ve, sus ojos están puestos en mí.

¡Me está sonriendo! Es lo primero que quiero escribir, es lo primero que viene a mi mente, provocando que se escape un ruido bajo en mi garganta de la risa sofocada de lo patético que estoy siendo. Su atención vuelve a su amiga, de la cual sólo estoy viendo su espalda aunque no hace falta que vea su cara, sé de quién se trata.

Regreso la atención a mi mesa, ha sido mi día de descanso y lo único que ocupa mi cabeza es el hecho de que debería de estar escribiendo, intentando crear algo nuevo y dejarla atrás a ella, la conozco desde hace poco más de dos años y ni siquiera se ha dado cuenta de quién soy. De mi boca sale un suspiro de cansancio, niego con la cabeza, la cual se ríe mentalmente de mi lado soñador y cursi, si Baltazar pudiera verme me habría golpeado de verdad, estoy deseando que lo haga.

Guardo mis cosas en el bolso estilo cartero que llevo casi a todos lados, pago por el café y salgo de ahí. Meto las manos en los bolsillos de mis pantalones mientras camino de regreso a mí casa, como casi siempre, observo a las personas, con verlas unos pocos minutos puedes crear historias, ellos pueden ser la vecina chismosa, la madre sumisa o el padre controlador, el hermano preferido o el interesante protagonista, cualquiera puede ser algo, es cuestión de imaginación nada más.

Al llegar a mi habitación las primeras letras que escribo son: Era una flor mística… pero sé  que no funciona, lo borro, antes de que otra palabra sea escrita.

Creo los recuerdos que no han pasado pero están grabados a fuego en mi memoria, han sido plasmados en papel, soy el chico del periódico, el que tiene una columna para escribir poesía, el que consiguió un trabajo escribiendo ahí gratis, pero ahora recibe un pequeño sueldo, a causa de la demanda de los viejos y románticos, sólo ellos podrían leerla.

Por eso lo agradezco, algún día seré un famoso escritor o por lo menos un pordiosero, pero haré lo que me gusta, escribiré. Porque sé que es lo correcto por hacer.

Me mantengo en secreto, ni siquiera mis padres saben que escribo esa columna, ni siquiera mi mejor amigo lo sabe. Es un secreto que sólo es mío y sé que los secretos tienen cierto poder entre la gente.

Me gustaba pensar que ella era simple y yo todo un misterio, pero yo de misterioso no tengo nada más que mi seudónimo.

Me hacía llamar B. M.

El editor del periódico me dijo una vez que por qué tanto misterio, me pregunto por el significado de esas iniciales, y le respondí, que no quería que nadie supiera lo que escribía y que eran las iniciales de mi nombre, él asintió y dijo, “claro los muchachos de estos tiempos lo tomarían como burla, todo es un chiste para ellos”, yo dije que sí, aunque esa no era mi verdadera razón, pero era mejor que decirle lo ridículo que  significaban esas iniciales. Eran Bastián Misterio, en lugar de mi apellido correcto me gustaba imaginar que era Misterio, quería hacerle honor a mi idea de serlo.

Ridículo.

Pero en realidad esa era la mejor palabra que podría describirme, tenía apenas 19 años, y tenía los  sueños de un señor de 40, me preguntaba cada día y noche si era normal, pero aun si no lo fuera, no podría cambiar de  la noche a la mañana.

Después de un rato las palabras fueron escritas con tanta rapidez en una hoja de papel arrugada, con el miedo de no escribir lo suficientemente rápido, temiendo por olvidar lo que se me ocurría.

-Bastián, te busca Baltazar –grito mi mamá desde la cocina.

Finalice la última palabra que había escrito y me apresure a guardar todo debajo de mi cama, era el mejor escondite de un chico, nadie se arriesgaba a buscar ahí.

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Contemporáneo, Ficción, Misterio

Efímero

Hola, ¿cómo se encuentran lectores? Aquí les dejamos nuestra primera entrada, la primera dosis, esperamos por sus criticas o comentarios, recuerden que somos novatos en la escritura y cualquier aportación nos ayudaría muchísimo.

Esperamos que lo disfruten… 

Todo aquí es obscuro, hay un destello de luz muy débil que sólo ilumina la parte trasera de alguien  que va adelante de mí, los  pasillos son largos y angostos, lo único que escucho son las respiraciones de más personas detrás de mí, incluso puedo sentir una respiración en mi cuello, está cerca.

     –No se separen, su mirada al frente y sin hablar, recuerden que los estamos vigilando –dice una voz, no sé de donde viene pero es como si hablaran dentro de mi cabeza.

Confundiéndome.

Tal vez ahora si estoy loca de verdad. Pero a pesar de que no sé de donde viene o si en realidad está dentro de mí, su voz revela demasiado, su tono esconde algo… algo frío y controlado, pero al mismo tiempo suena relajado.

Caminamos en línea recta, ninguna de las personas que va adelante de mi voltea, sus respiraciones incluso suenan  iguales, es como si inhalaran y exhalaran al mismo tiempo, los mismos movimientos al caminar.  Mientras yo estoy respirando entrecortada y rápidamente, el aire aquí no es suficiente para mi, estoy encerrada y no hay una salida, el sudor recorre mi espalda a pesar del frío que hace  y mis pasos no pueden igualar el de las otras dos personas que van adelante, supongo que somos los primeros, aun no he visto algún pasillo para poder escapar, todos aquí parecen robots, hacen exactamente lo que la voz dijo.

Por la esquina de mis ojos observo lo que tengo alrededor, puedo sentir mi miedo, incluso es como si pudiera tocarlo, no sé qué es lo que estoy haciendo, no sé cómo es que llegue aquí, no sé cómo salir,  ni siquiera puedo distinguir el color de las paredes.

No hay ventanas.

No hay puertas.

Sólo espejos.

Que regresan mi mirada perdida a cualquiera que vea.

Alguien me empuja hacia un lado, trago el grito que casi sale de mi boca, y con el también el miedo de ser descubierta, mi respiración es aun más agitada, pongo mis dos manos en mis rodillas intentando tomar todo el aire que puedo, estoy asfixiándome, a lo mejor han pasado más de diez minutos, o quizás lleve una vida aquí, cuando por fin me estoy recuperando  giro la cabeza, pero ya no hay nadie a mi alrededor.

Ellos han desaparecido, me doy cuenta de que me encuentro dentro del marco de un espejo. Estoy dentro de un espejo.  No hay nadie ahí afuera que pueda ayudarme a salir.

Golpeo con toda la fuerza que me queda el vidrio, pero este es inquebrantable, ni siquiera logro hacerle una fisura,  mi respiración es cada vez más pesada. Tal vez por el miedo de quedarme atrapada, quizás porque no parece que haya suficiente aire, o tal vez por ambas.

El tiempo parece detenerse mientras observo mi alrededor, todo sucede como en cámara lenta, mis ojos están buscando  cualquier cosa, cualquier agujero, aire, o una puerta, lo que sea, entonces es donde lo veo, un agujero redondo en lo alto de la pared, es ahí donde veo un rayo de luz, no es la luz del sol, es un rayo de luz de luna, aun todo está obscuro, pero ese rayo está ahí como si esperara a que fuera directo a él, dándome un respiro, el aire que necesito dentro de mis pulmones, sin embargo hay algo que llama mi atención desde mi vista periférica, ahí hay otro espejo, este es más pequeño que los otros que he visto aquí antes, a diferencia de los otros este es ovalado y tiene un marco antiguo pero aun así hermoso, no sé porque me recuerda al espejo de la bruja de Blancanieves , tampoco sé porque me estoy acercando, es como si mis pies tuvieran mente propia y me doy cuenta de que no estoy pensando en nada, no hay nada dentro de mi cabeza que no sea caminar directo al espejo. Mi respiración se ha estabilizado.

Antes de ver mi reflejo lo primero que veo es obscuridad. Lo segundo… es a otra persona atrapada ahí, sus ojos devuelven mi mirada asustada, su cara es diferente a la mía, pero refleja lo mismo que yo.

Miedo.

No estoy pensando cuando veo que su mano está tocando el espejo y me veo haciendo lo mismo, espero ver que el cristal del espejo tiemble, que se mueva como un charco de agua al que acaban de interrumpir su calma, sin embargo no pasa nada.

Sólo siento el leve cosquilleo del calor humano que sientes cuando tocas a otra persona,  no es la superficie helada que esperaba encontrar. Mis ojos vuelven directo a los suyos, es como si todos los movimientos que ella hace los hiciera yo y viceversa.

Veo el piso, dentro de su espejo, es una realidad alternativa, todo dentro de él es luz, mientras que de mi lado todo es obscuridad, esta vez ella pone su mano derecha en el espejo y hago lo mismo, y luego todo lo que sé es que la obscuridad se ha ido, ella se la ha llevado, como si pudiera leer mis pensamientos sabiendo que tenía miedo de estar en ella.

Esta vez quiero decir algo, pero tengo miedo, de que de nuevo sea consumida por las sombras, si nos están vigilando pronto se darán cuenta de que no estoy con los demás, aunque también siento miedo de quedarme atrapada aquí, vuelvo a girar la cabeza y por primera vez una idea cruza mi mente, tal vez ahora estoy atrapada como lo está ella para siempre. Sin una oportunidad de salir de aquí.

Busco frenéticamente la luz del rayo de la luna, sigue ahí. No ha cambiado nada, aparte del hecho de que se han encendido las luces,  respiro aliviada porque por alguna razón llegue a pensar que algo cambiaría.

Mi cerebro busca alguna idea para poder sacar a la chica que está atrapada ahí, tal vez romper el espejo pero ¿y si ella se quebrara al mismo tiempo que él? Tal vez si escapo con el espejo pudiera encontrar una forma de sacarla de ahí, cuando tuviera más tiempo para pensar y menos presión con la que lidiar.

     –No puedes llevártelo –dice alguien dentro de mi cabeza.

Mis manos vuelan a mis oídos, con la intención de que salga de ella, con el deseo de que no la escuche más dentro de mí, con la idea de que lo estoy imaginando.

Me volteo lo más rápido que puedo ignorando el latido frenético de mi corazón por la adrenalina que corre por mi sistema.

     –Todo lo que está aquí, pertenece aquí –dice la persona aun dentro de mi mente, ahora es como si lo escribiera y yo lo leyera en voz alta dentro de mi cabeza, lo único que logro ver es la sombra de alguien alto, la luz se ha ido, junto con la chica dentro del espejo, la obscuridad no me permite observar su rostro, ni siquiera su voz revela si es un hombre o una mujer.

La luz de la luna ilumina el centro de la habitación, él o ella están a unos pasos detrás de la claridad, sólo su mano es lo que puedo ver.

Las palabras han huido de mi boca, no puedo pronunciar ni una sola silaba, el miedo sigue carcomiéndome por dentro, la adrenalina y el miedo no son una buena combinación.

     – ¿Quién… -trago saliva audiblemente –eres? –pregunto susurrando, después de unos largos segundos,  sin embargo dentro de este silencio parece como si lo hubiera gritado, aunque bien pude haberlo hecho por el ruidoso latido de mi corazón aun desbocado.

Observo como la sombra niega cuidadosamente con su cabeza y con ese simple gesto sé que no me va a decir más, que no debo preguntar nada.

Vuelve a hacer una seña, esta vez con sus manos, un gesto que me indica que me acerque, y lo hago cuidadosamente, no porque tenga miedo, sino porque no tengo ni idea de por dónde voy, es extraño que el lugar en donde está el espejo todo se veía claramente pero ahora que estoy con esa persona extraña todo de nuevo ha vuelto a ser obscuro por lo menos en este cuarto de dos por dos.

Extiende su mano para que pueda tomarla, es raro que solamente pueda ver su sombra pero no sus facciones o por lo menos saber qué es lo que es, cuando estoy a punto de tomarla él o ella la retira, como si se lo hubiera pensado mejor.

     –No es a donde perteneces… todavía no.

Y después de esto despierto. Como ¡Puf! Desorientada, y lo primero que veo al abrir los ojos es mi reflejo.

Vuelvo a dormir pero las últimas palabras quedan grabadas en mi mente.

No es a donde perteneces. Todavía no.

Todavía no.

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Bienvenidos a Dosis de letras…


¡Hola, hola, dosis de letras te da la bienvenida!

Somos simples personas que nos gusta escribir, relatos ficticios o verdaderos, con finales o simplemente sin ellos, nosotros iniciamos este proyecto para compartir con todas aquellas personas a las que les guste leer nuevas historias que no son perfectas, sólo son el inicio de letras que se convertirán en historias, esperando que sean de tu agrado.

En dosis de letras nos gusta crear relatos, aunque debo decir que apenas vamos iniciando, así qué agradeceríamos tus consejos, críticas, sugerencias… en fin, cualquier comentario estaría bien para ayudarnos a crecer.

Esperamos de verdad que te gusten estás letras que formarán historias.

Así que… ¡Bienvenidos!