Ficción, Literatura, Relato

Sin esperanza.

Ricardo Fumanal
Ricardo Fumanal

La esperanza era lo último que moría… eso era lo que siempre decía, la sangre esparcida alrededor del suelo, de la mesa, de sus manos, todo estaba salpicado de manchas carmesí, algunas ya comenzando a secarse dejando un aspecto de suciedad.

El sudor recorría su frente, los guantes blancos ahora estaban teñidos de un color oscuro, el olor de la habitación era intenso, la carne estaba comenzando a descomponerse.

Este era el fin… pero seguía repitiéndose una y otra vez que la esperanza era lo último que moría… porque definitivamente el cuerpo que estaba sobre la mesa había muerto desde algunos días.

Ni una sola lágrima había derramado, sabiendo que la precisión en las operaciones tenía que ser exacta.

Un derecho, un revés.

Un derecho, un revés.

El brazo que estaba cosiendo estaba pálido, la piel estaba reseca, el olor pútrido de la carne descompuesta seguía flotando en el aire. Tomando una respiración determinada siguió cosiendo mientras tarareaba una de sus canciones preferidas.

Estaba creando un humano mejorado, porque el humano normal que había estado vivo hace unos días había fallado, su corazón se había detenido, como lo hacían los relojes.

Un derecho, un revés.

Un derecho, un revés.

  Dando por terminadas las últimas puntadas del brazo izquierdo, tomo un bisturí y abrió su pecho, lo único que hacía falta en aquel ser era un nuevo corazón, porque ese era el que no podría resistir más.

La canción que seguía tarareando nunca terminaba, y cada vez que llegaba a la parte final, regresaba a cantarla desde el principio, porque así sería aquel ser, si algún día parara, entonces la canción volvería a iniciar desde el primer segundo hasta el último y así todo de vuelta hasta que llegara el fin de los tiempos.

Conectando el corazón como si de cables se tratara, comenzó a darle pequeñas descargas eléctricas, el cuerpo helado, el nuevo corazón caliente.

Uno… dos… tres…

Cuatro… cinco… seis…

Nada…

Uno… dos… tres…

Nada…

Cuatro… cinco… seis…

Bombeo…

Nada…

Uno… bombeo… dos… nada… bombeo…

El latido del corazón era lento, muy lento.

Una sonrisa comenzó a formarse en los labios de aquel pobre hombre que se había vuelto loco por traer de la muerte a un ser que ya no pertenecía al mundo de los vivos.

Sujetando la mano de aquel ser que ni siquiera se le podría llamar humano, él se quedó, a la espera de cualquier signo nuevo de vida.

La respiración era superficial, las heridas de cada una de las partes de su cuerpo que se conectaba con otra pieza nueva estaban rojas, llenas de cicatrices que muy difícilmente desaparecerían.

Las horas pasaron… los días siguieron su curso y aquel cuerpo comenzó a recuperarse, el color rosado de sus mejillas empezaba a notarse, los parpados temblaban a la espera de abrir esas ventanas que ahora estaban vacías… carentes de sentimientos, carentes de luz.

El olor de la habitación era insoportable, pero después de pasar el tiempo suficiente ya no hacía mucho la diferencia si estaba limpio o no.

La sangre una vez carmesí ahora era de tono café, pegada a todas partes y difícilmente seria limpiada.

El latido de aquel ser resonaba en el silencio muerto que llenaba la habitación.

Un jadeo abandono los labios de aquella criatura, trayendo al presente a aquel pobre hombre loco de poder, loco de dolor, el hombre parpadeo varias veces, esperando que no fuera producto de su imaginación.

Por fin alguien había sobrevivido…

Uno… dos… tres… jadeo.

Uno… dos… tres… jadeo.

Los ojos se le iluminaron, cuando aquella criatura abrió los ojos, de su boca salió un grito ahogado, el cual sólo pudo ser escuchado por aquellos que habían sufrido lo mismo que él.

La esperanza era lo último que moría. Recordó.

Pero al igual que la esperanza las criaturas que no eran humanas… aunque estuvieran formadas de partes de seres vivos, no tenían esperanza.

Porque aquel hombre loco de dolor y poder, no tenía esperanza.

Había perdido su humanidad.

Había perdido aquel ser que por fin había sobrevivido después de todos los fracasos.

Con un grito inhumano escapando de su garganta, una lagrima cayo, estrellándose en el torso de aquel ser.

La canción había llegado a su fin… pero volvería a iniciar hasta lograr lo que un día había perdido.

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