Contemporáneo, Literatura, Relato

La chica de la ventana.

Ricardo Fumanal
Ricardo Fumanal

Era la chica de la ventana, la que veía todo a través de la distancia y un cristal de por medio, las personas que vivían sus vidas normales no la habían notado para nada, era buena escondiéndose detrás de las cortinas, detrás de las gafas que siempre llevaba.

No conocía a quienes caminaban por las calles pero imaginaba sus nombres, Luis era el señor de la cafetería, Ana era la señora que barría cada mañana las calles de la cuadra, Sandra la joven que atendía una de las papelerías de ahí, y así todos ellos con un nombre de acuerdo a la cara que tenían, sin embargo había una persona a la cual aún no ponía nombre, ese era el joven que parecía no tener rostro de nada, no sabía si podría ser abogado, o tal vez era un pintor de los cuales muy pocos podían entender sus obras, quizá podría ser un escritor con deseos de grandeza pero con miedo a mostrar lo que en realidad pensaba y sentía.

Él podría ser Tristán, le pareció, el chico que no mostraba su tristeza, ese sería un bueno nombre para él.

Mientras divagaba en cuál podría ser su ocupación o su nombre, las calles en sólo un par de minutos comenzaron a llenarse cada vez más de personas, rompiendo la rutina que ella tenía, observar las nuevas actividades que hacían, sin embargo sus ojos seguían clavados en aquel chico al cual había decidido llamar Tristán, él estaba ayudando a Sandra, la chica de la papelería, Sandra le sonrió y el chico le devolvió el gesto con una negación de cabeza.

Viéndose en el espejo la chica de la ventana susurro su nombre, ese que nunca nadie sabría, ya que vivía en un lugar que nadie veía a excepción de aquel joven, por eso era que le gustaba pensar que era una persona como ella, tímida pero llena de sueños y misterio, peinando su largo cabello negro comenzó a pensar en nombres que le fueran bien de acuerdo a su rostro, podría ser llamada, Sol, por lo pálida que era su piel y también por el color de sus ojos, Sol sonaba bien, una abreviación de Soledad.

Dejando el cepillo en su cama comenzó a ver de nuevo todo, observando las nubes como siempre, formando figuras que muy pocos verían.

El joven como cada día se quedó en la esquina de la calle, esperando debajo de una lámpara, él había visto la figura de alguien frágil contemplando parte del pequeño lugar, por las noches las luces eran encendidas y sólo seguía viéndose una sombra, pero nunca había visto a la dueña de ella.

Le parecía que era como el fantasma de la persona que podría ser, pero los fantasmas siempre terminan yéndose en algún momento, espero un par de minutos, su vista no dejando de ver a la ventana del segundo piso del edificio.

Un pequeño rayo de sol iluminaba el lugar, justo en ese momento le pareció ver a alguien, una mano pálida y de dedos delgados posándose en la ventana, sonriendo sin saber si en realidad podría verlo, hizo una inclinación de cabeza en señal de saludo, sabiendo que algún día podría conocer a la persona que vivía ahí, se fue calle abajo.

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9 thoughts on “La chica de la ventana.”

  1. Wow el relato me pareció extraordinario, y algo que de dejó atónito es que coincidí con el note del chico antes de leerlo, pero honestamente el final no lo entendí, ¿será que la esperanza de sol se quedó esperando?, Lo volveré a leer y pasaré más por tu blog, agradezco el que me sigas ojalá te guste lo que escribo, saludos Malvados.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario, me alegra que te hayas identificado con el personaje, jaja, es que si es un poco abstracto lo del final, pero eso lo dejare a tu criterio 🙂 ella sigue esperando porque no se atreve a dejar su zona de confort, sólo viendo todo desde lejos, no sé, eso era más o menos mi idea, espero poder aclararla o que le dieras un significado propio, claro que sí, yo me pasaré y seguro también me gustará lo que escribes, saludos.

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  2. Siento una increíble ternura por Sol y una enorme curiosidad.
    La chica de la ventana…encerrada en el castillo férreo de su corazón tan ensoñado, dulce y apasionado, como el brote tierno de una flor en su capullo.
    Tienes razón sensitiva Paola, los fantasmas siempre acaban yéndose a algún sitio, pero Sol…Quizá sea que como vivo en la Luna su sólo nombre me conmueve. Su pelo largo lo siento como su velo de novia enamorada, sus gafas son sólo parte del maravilloso misterio de sus ojos profundos, su soledad… sólo es la inevitable y cruel espera del Amor Verdadero.
    Mis dedos están ahora posados en la “ventana” de mi pantalla… Y sonrío, inclinando levemente la cabeza…

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    1. La forma en que lo describes, ¡es muy parecida a la idea que tenía en mente! sí, definitivamente, aunque algunos tarden más que otros en irse, en serio tienes una idea muy parecida de lo que pensé al escribir este relato, me alegra muchísimo que lo entendieras de esa forma, yo no vivo en la luna y me causa algo ese nombre, gracias por leer, te mando un enorme abrazo desde aquí 🙂

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